Y pasó eso que no queríamos. El tema es que no soportamos la presión a veces. Cuando estás intentando todo para salir adelante, cuando los resultados no se te dan, cuando no conseguís laburo o cuando no llega el gol que te de la clasificación o el campeonato. Siempre estamos bajo presión. Ahora, mientras le hablo al micrófono y veo cómo aparecen las letras voy pensando, a la vez, que no todo es lo que parece y que ha pasado un año más.

Si me apurás te digo que pasaron muchas cosas pero a la vez no pasó nada. Igualando esa ambigüedad de todo y nada hay un hecho que a mí particularmente me hizo discutir con mucha gente; no sólo por mi posición, sino por todo lo que significa en nuestro país el fútbol. Lejos estoy de hacer un balance; en ese caso me suicidaría, y no es la idea. La idea es contar eso que para mí y muchos marcó un momento en el año, un mojón imborrable que nos hará pensar qué hubiera sido si las cosas hubieran funcionado de otra manera.

Roberto y yo estamos frente a la televisión. Es de tarde. No vuela una mosca en todo el país y todos están expectantes a lo que sucederá. Puede ser fácil explicarlo, pero es difícil entenderlo. A él y a la situación. ¿Nadie espera o todos esperamos? Yo digo que una reacción como esa es esperable e imaginable. El hecho concreto viene en el párrafo siguiente pero no quiero dejar de aclarar que cuando uno se pone la camiseta de Uruguay deja de ser profesional para ser un uruguayo más con sed de gloria.

Luis Suárez va a buscar el centro y como ve que la marca de Chiellini es tan pegajosa necesita articular algún hecho que lo saque del partido al rival. En defensa la Azzurra es implacable. No hay cómo entrarle. Así que necesitamos o un hombre menos en Italia o pegar mejor los pases para que nuestros delanteros puedan hacer lo que saben. Tenemos dominada a una de las potencias futbolísticas de la historia. Ellos no pueden salir del fondo no sólo porque el empate les sirve sino porque saben que si nos dejan una a medias los clavamos. Le pasó a Inglaterra e Italia no quiere correr la misma suerte.

Ya lo dijo Jaime: “cuando juega Uruguay corren tres millones”. En ese momento estábamos desesperados, viendo cómo el reloj pasaba y cómo no le entrábamos por ningún lado a los tanos. También, cabe aclarar, estábamos usando todo tipo de estrategias al momento del partido: pelotazos, salir jugando, centro a la olla, tiros de media distancia, etc. Pero nada nos hacía llegar al tan preciado gol que nos diera la clasificación a la siguiente fase.

Dentro de esa desesperación Suárez erró un gol abajo del arco faltando 20 minutos para terminar. Eso lo sacó del partido. Claramente lo sacó porque no volvió a tocar la pelota en lo que restó. Claro estaba que si el delantero más peligroso de nuestra selección no hacía de la suyas, no íbamos a conseguir nada. En un momento de calentura, cuando sentís que por lo que tanto peleaste se te va, no ves la hora de poder hacer algo. Y Chiellini no dejaba pasar a nadie.

Les digo algo: yo también lo mordía. No sólo lo mordía, sino que me lo morfaba crudo al tano que no nos permitía continuar con el sueño. Luis, al ver que no podía pasarlo, quiso sacarlo del partido. Lo que no sabía es que él mismo se estaba sacando del Mundial. Llegó el centro al área y Luis le tiró el viaje; repito: yo se lo tiraba, y otro de pasada también. El enojo ya llegaba por todos lados y encima hacían tiempo. Veías siete tanos tirados a la vez.

Después de lo sucedido Chiellini salió a llorarle al juez porque lo habían mordido. Odio a los jugadores alcahuetes. A mí me llegaron a escupir, pero jamás le dije al árbitro: “él me escupió”. A la segunda de cambio te gargajeaba la oreja sin que nadie viera. Pero Luis no soportó la presión y la frustración de nadar tanto para morir en la orilla. Con el empuje de todos y de cualquier manera teníamos que conseguir ese tanto que nos dejara en la siguiente fase.

Así fue que faltando 10 minutos Diego Godín saltó más alto que cualquiera de los Alpes que está al norte de Italia y derrumbó ese sueño de ellos y levantó lo mejor de nosotros. Eso sí: lo que había hecho Luis no iba a pasar desapercibido. Menos teniendo a Italia en frente y menos con la FIFA, los ingleses llorando y los tanos tirados, incrédulos por lo que sucedía. Sucedía que Uruguay había dejado afuera a los europeos y había sido todo el mérito del gran equipo que somos. Y no iba a pasar así nomás.

Llegó uno de las Islas Cook y de Islas Feroe para decidir que Suárez estaba fuera del Mundial. Luis: en cuatro años hay revancha. Uruguay: en cuatro años hay revancha. Pero lo que sucedió en esta Copa no sirvió para darnos cuenta de algo: tenemos sangre en las venas y ante la adversidad nos defendemos con los dientes si es necesario. A los uruguayos nos tienen que dar el golpe de gracia, porque si nos dejan ahí, contraatacamos.

Sebastian Walch

Sebastian Walch

Instrumentista, aficionado al debate y cocinero casi profesional. Empezó a jugar al fútbol, a estudiar guitarra e informática, pero todo lo dejó por el camino, hasta que encontró un lugar en el mundo de la escritura. Relator. Uruguay
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