En las últimas décadas, el desarrollo tecnológico ha acaparado cada aspecto de nuestra vida y la evolución se da a pasos agigantados. En un mundo hiperconectado e hipertecnológico, las brechas sociales también crecen y la brecha digital de género plantea una pregunta: ¿cuál es el rol de la mujer en esta nueva era?

Era el primer día de clase. Al salir del ciclo básico de Secundaria, tomé la decisión de dirigir mi carrera hacia el desarrollo de software y me inscribí en el bachillerato tecnológico, pensando en unos años ingresar a la Facultad de Ingeniería. Como en toda nueva etapa, la expectativa era grande pero la sorpresa ocupó rápidamente su lugar: apenas éramos dos las mujeres que formábamos parte de la clase, y un puñado más ingresaban junto a nosotras en esa generación. Eso fue simplemente una muestra más de lo que se replica a nivel mundial.

A lo largo de la historia -aún cuando abundan los ejemplos de la contribución femenina en el desarrollo de tecnologías que cambiaron el mundo-, las mujeres han sido excluidas del ámbito de la tecnología, considerado un campo estrictamente masculino y en el que predominan rasgos patriarcales. Desde pequeños, hombres y mujeres somos educados en base a estereotipos que sesgan nuestras elecciones ocupacionales. Y la investigación, el desarrollo y la ciencia son campos prácticamente vedados para las mujeres.

Un abismo entre nosotros

Si bien la tecnología no es el único ámbito en el que escasea la representación femenina, la brecha en el caso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) es una de las más visibles. En Estados Unidos, menos del 20 % de los estudiantes de ingeniería son mujeres, número que se reduce al 14 % de ingenieras que forman parte del mercado laboral.

En Silicon Valley, la meca de la tecnología, las cosas no pintan mejor. El porcentaje de mujeres en las principales compañías del sector no supera el 30 %. En Google, el 82 % de los empleados son hombres y en el caso de Apple, las mujeres representan un 22 % de la plantilla de empleados. Empresas como eBay, LinkedIn, Twitter o Facebook también integran la larga lista de la desigualdad en el mundo de las TIC. Además, únicamente el 3 % de las compañías emergentes (o startups) son proyectos emprendidos y liderados por mujeres.

En tanto, los datos para América Latina no son muy alentadores. El porcentaje de mujeres en las carreras de Informática en Argentina ronda el 18 % y en Uruguay, de acuerdo a datos proporcionados por el Ministerio de Educación y Cultura, de quienes ingresan a estudiar carreras de tecnologías sólo un 16 % son mujeres. En el caso de Colombia, el porcentaje de investigadoras en ingeniería y tecnología alcanza solo el 19 %.

Pero detrás de esos números y estadísticas radica un problema mayor. El progreso científico y tecnológico tiene posibilidades casi ilimitadas, pero la exclusión de mujeres y niñas -especialmente en la creación y la toma de decisiones en esos campos- puede tener consecuencias impensadas.

Leer la nota completa en la edición N°19 de La Mirilla

Jessica Conde

Jessica Conde

Estudió periodismo, creyó que el mundo podía ser cambiado y terminó ideando una revista. Fotógrafa en ciernes, no puede dejar de proyectar ni puede abandonar su adicción a los caramelos Sugus y a los buñuelos de algas, fiel a los extremos. Directora. Uruguay.
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