Sucedió un día, hace mucho tiempo ya, que cansada de que en su televisor solo se vieran manchas, la Chica de la Libretita se asomó al techo, a ver si “había algún problema con la orientación de la antena”. Como si por ir a mirar se solucionara solo. Y resultó ser que al subir, descubrió que la antena era un espíritu libre, cansado de su monótona actividad de todos los días, que decidió tomar un descanso, tal vez salir a recorrer el mundo y compartir anécdotas con otras almas que hubieran buscado escapar de sus rutinas, y volver a casa algún día, cuando su gusto por viajar hubiera sido satisfecho. Envidiable plan, seas persona, antena o E.T. sin lugar a dudas.
Pero nada de esto pudo hacerse realidad, porque la antena estaba unida al resto de la transmisión gracias a un cable, que para su desgracia funcionaba de cadena. Y allí la encontró nuestra Chica, apresada por ese cable-cadena, colgando al borde del techo de tejas, en un segundo piso, como intentando escapar de su cruel destino o morir en el intento. Porque no realizarse, para esta antena, era lo mismo que nada. Tendría que haber trabajado en teatro, con esa tendencia al drama…
Sé que tuvieron una charla bastante prolongada respecto de las diferencias entre ver —la tele— y mirar —el mundo—; y que como ambas disfrutaban de la poesía, también intercambiaron unos versos respecto a observar. También sé que desde ese día el televisor no se prende, y que si lo intenta, solo se ve interferencia. La Chica de la Libretita no habla de ello, y cuando se le pregunta, simplemente plantea: “¿Para qué querés ver la tele, con lo lindo que es mirar por la ventana?”, o algo por el estilo.
En fin, estoy convencida de que su deseo de viajar se cumplió y solo espero que donde esté, nuestra antena esté disfrutando del paseo, mientras el televisor sirve de sostén para una maceta que ahora está por florecer. No pierdo la esperanza de volver a prenderlo, pero cada vez estoy más seguro de que lo voy a convertir en camita para el gato. Total, para lo que hay que ver…
Ah, sí, voy a ver a una Chica feliz, mirando cómo su gato duerme plácidamente.

Cecilia DP

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Siempre detrás de sus lentes y siempre con su libreta, va por la vida tomando notas sobre las costumbres propias y ajenas y riéndose de todo eso, lo que la transforma en la adorable Chica de la Libretita. Columnista. Argentina.
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