El domingo se realizó la segunda edición del Montevideo Sound City en el Auditorio del Sodre. Con 20 artistas en cinco escenarios, el lugar se convirtió en una ciudad musical por una tarde/noche. Rodrigo Guerra nos cuenta cómo vivió su paso por el festival invernal más grande de la capital.

Fotos: Bruno Larghero

En la tarde de un domingo soleado, la ciudad se estaba terminando de preparar para la segunda edición del Montevideo Sound City, un festival que llenó de música al Auditorio del Sodre transformando al recinto en una pequeña comunidad musical. Con cinco escenarios y 20 artistas de todos los géneros musicales, se hacía imposible disfrutar de toda la programación, lo que significa que cada espectador se encontraba frente al dilema de todo festival: o escuchar a las bandas que conocía, o lanzarse en búsqueda de grupos nuevos que se sumen a la banda sonora de su cabeza. Durante todo el domingo traté de mezclar esas dos opciones.

Mi recorrido comenzó a las 17:15 con el argentino Simón Poxyrán (el apellido es en alusión al pegamento que es aspirado por sus efectos alucinógenos), una de las principales razones por las que  fui al festival. Si bien el recital comenzó con Poxyrán tocando para menos de 20 personas, a medida que las canciones se sucedían la sala Hugo Balzo se iba llenando de un público curioso por escuchar a esta promesa del rock argentino. Con 20 años, el pelo teñido de rubio, una camiseta deportiva Adidas y su guitarra criolla llena de pegotines, el mendocino tocó  sentado mientras que manejaba los botones de una pequeña caja de ritmos sobre un atril, que le permitía ir construyendo la base de cada tema.

Durante 45 minutos,  Poxyrán mezcló canciones de su grupo Perras On The Beach con las de su proyecto solista, del cual publicó su primer álbum, SAEIG. Junto a la calidad de su voz y la originalidad de sus letras, lo más interesante de la propuesta del cantante fue su capacidad de pasar por distintos estados de ánimo: podía tocar un tema dedicado a un policía que le incautó el porro (“Polícia puto, ortiva”) e inmediatamente pasar hacia un momento completamente confesional como “Doppelganger” (“Ya no soy yo, soy tu reflejo/dicen que hablo como vos, pero no lo entiendo”), dedicada a su padre, quien se suicidó cuando el cantante tenía 15 años. El mejor momento de su actuación llegó en el final: luego de que el músico haya alcanzado el límite de tiempo para tocar,  el público siguió pidiendo temas, así que Poxyrán bajó del escenario con su guitarra para hacer una versión literalmente unplugged de “Australia”, de Perras On The Beach.

La sorpresa del festival me la llevé a las 18:15 nuevamente en la Balzo, cuando conocí a Chillan Las Bestias, un grupo que ahora no dejo de escuchar. Liderado por Pedro Dalton (cantante de Buenos Muchachos) y formado por músicos argentinos, brindó uno de los recitales más enérgicos de la noche.  “Cielo”, “La Red” (con un violín melancólico que me recuerda al sonido del tango) y “Walter de la Blanqueada” fueron los temas que quedaron sonando en mi cabeza. Lo más llamativo de su actuación fue la presencia del violín, un instrumento que le brindó otra dimensión a la música de un grupo caracterizado por su sonido pesado, y que a la vez permitía acentuar las distintas partes de cada canción.

A las 19:15 fui a la sala Fabini para ver a Juan Wauters, un uruguayo que vive en Estados Unidos desde hace años y que hacía tiempo quería ver en vivo. Desde el primer momento de su actuación, Wauters brindó una imagen completamente íntima: en el escenario más grande del Sodre el músico estaba solo, acompañado de su guitarra acústica y apoyando la pierna sobre un amplificador que servía de sostén para su instrumento. Daba la impresión de que estaba dando un recital en un bar o en una plaza.

En la mitad de su repertorio se le sumaron Tall Juan en la guitarra y la flautista estadounidense Amanda Rose.  Con este formato inusual de trío, Wauters hizo excelentes versiones de sus temas, que sonaron completamente diferentes de las que están en sus discos. Además, tradujo algunas letras que originalmente grabó en inglés como “She Might Get Shot”, para que la gente se acerque más a su música. Antes de marcharse, se acercó al micrófono por última vez y dijo que iba a estar hasta el lunes en Montevideo, así  que si alguien tenía un lugar para tocar que simplemente se comunicara con él  y estaría encantado de hacerlo. Finalmente, surgió un recital improvisado el lunes de noche en el bar Hall Central con entrada gratuita.

Más adelante, a las 21:30, me acerqué al escenario Trovadores para ver a otro de los músicos que estaba esperando: el también mendocino Luca Bocci. Acompañado únicamente de su guitarra, Bocci interpretó temas de sus dos trabajos: Ahora y el EP 40º, con los que demostró su calidad vocal y su talento en la guitarra (al escucharlo se pueden deducir las influencias de Luis Alberto Spinetta y Fito Paéz). Uno de los momentos destacados de su actuación se dio cuando el músico tocó una hermosa versión de “Bahía” (el hit de Ahora), a la que enganchó con “Carabelas Nada” de Fito Paéz. Pero el mejor momento llegó al final con el candombe “Detener” (también de Ahora), en el que Bocci cantó a dúo con Simón Poxyrán. Primero la caja de ritmos de Poxyrán marcaba la clave del candombe, pero en determinado momento la base se transmutó en un hip-hop y Poxyrán comenzó a rapear frases como: “Bocci te puedo contar/que vine a Uruguay y es el mejor país que hay”.

A las 22:00, cuando la noche estaba llegando a su fin, volví a la Fabini para escuchar a Campo, un grupo que sigo desde su primer álbum en 2011. Con una escenografía minimalista pero con un juego de luces increíble, el colectivo creado por el productor Juan Campodónico abrió el show con “Tambor del cosmos”, la canción que también abre su nuevo disco. Luego siguieron con “Huracán” (también de Tambor del cosmos) y “La marcha tropical” (uno de los primeros hits de cumbia pop). A pesar de que me sabía todas esas canciones de memoria, había algo que en mi mente no cerraba y estaba decidido de que el grupo, y en especial las voces no estaban sonando bien. Se lo dije a un amigo que es músico pero me lo negó. Cuando llegó “1987” (uno de mis temas preferidos del grupo) no pude soportarlo más y me fui a ver a Mandrake y Los Druidas.

Si bien el grupo de Mandrake tenía un sonido blusero demoledor, donde se destacaban los excelentes solos de guitarra, en mi mente no dejaba de pensar en darle otra oportunidad a Campo. Así que finalmente volví a la sala Fabini justo para escuchar “Across the stars”, otro de mis temas predilectos del grupo.  Me uní a las personas que bailaban en las primeras filas y disfruté cada uno de los siguientes temas: “The Devil Waits”, “El mareo”, una versión remixada de “Tuve sol”, “Heartbreaks”, “Wasted” (excelente tema que empieza con un sample de Jaime Roos y luego decanta en un funk bailable), “Solo” y “Cumbio”. Al final, la banda sonó perfecta: menos mal que decidí volver.

Por último, a las 23:00 todo el público se congregó en el hall del auditorio del Sodre para escuchar al virtuosismo del pianista y DJ Luciano Supervielle. Con el público atento y sentado en el piso o en las escaleras, Supervielle comenzó a tocar para cerrar la noche de la mejor manera. Presentó canciones de su último trabajo Suite para piano y pulso velado, frente a un piano (el mismo con el que grabó el álbum), una bandeja de vinilos con la que luego hizo scratching y un teclado MIDI.

En la media hora de su actuación, Supervielle hizo una versión remixada de “La Cumparsita”; desconstruyó fragmentos de “Miles de Pasajeros” (un tema que grabó con el grupo de hip hop Contra Las Cuerda) para experimentar con las posibilidades de la tecnología; sampleó la voz de su bisabuelo, el poeta Jules Supervielle, mientras demostraba su talento frente a las teclas; y homenajeó al escritor uruguayo Felisberto Hernández.

De esta manera, el Montevideo Sound City cerró su segunda edición con un espectáculo que sorprendió a los espectadores hasta el último momento. Durante todo el día, el Auditorio se llenó de distintos artistas que, con su música, trajeron un poco de calor al invierno montevideano.

Escuchá nuestra playlist de este último Montevideo Sound City. 

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