Desde que la primera película ganó un Oscar, la saga del boxeador se convirtió en una de las más populares del cine. ¿Pero cuál es la magia que envuelve a esta historia? En esta nota, un fanático de las películas de acción repasa sus claves.

Cualquiera con espíritu luchador se rinde ante la belleza de los sentimientos que derraman la saga Rocky y la secuela Creed. Aún hoy, no deja de asombrar lo mucho que consiguió Sylvester Stallone al escribir ese primer guión.

La original, Rocky, es una película inspirada en las pocas chances de triunfar de un hombre que se enfrenta a su edad, condición y, nada más ni nada menos, al mejor del mundo. Chuck Wepner, boxeador yankee, peleaba contra la mejor versión de Mohamed Ali y aunque logró derribarlo, no pudo quedarse con la pelea. El moreno lo noqueo faltando 19 apenas segundos para terminar el último asalto.

Tras esta épica pelea, Stallone no precisó de dinero para pensar, escribir y luego protagonizar Rocky, la historia de un boxeador de poca monta, que es elegido por el entonces actual campeón mundial de los pesos pesados, Apollo Creed.

Para comprender a Rocky hay que tener en cuenta que la forma con la cual sobrelleva su vida es la de una personal normal, que gana poco y a duras penas llega a fin de mes. Hay que entender así el sacrificio que le exige prepararse para llevar adelante el cometido más importante de su vida, afrontarlo y luego salir de eso. Las escenas de dramas se mezclan con duros entrenamientos físicos, una muestra de esfuerzo constante.

Rocky I y II son básicamente películas más dramáticas que deportivas, por decirlo así. Rocky III también desprende ese aire del ave Fénix que renace de las cenizas, aunque el protagonista realiza una actuación diferente. Se muestra pudiente, con mucho dinero e inclusive alquila un local para que la prensa y sus seguidores lo vayan a ver entrenar. A Micky, su entrenador que luego muere durante la primer pelea contra Clubber Lang, en la que Rocky pierde su título, no le gusta este cambio y en acción entra Apollo Creed que le da una mano a Rocky para devolverle esa mirada de tigre.

Rocky IV marca la segunda muerte importante para el protagonista después de la de su entrenador, y la más dramática. En una pelea de exhibición, Apollo pelea contra Ivan Drago, un multicampeón soviético que busca salir de sus fronteras para demostrar que él y su Unión Soviética, son mucho mejores que la vida capitalista, una línea de claro tinte político en esta historia de ficción. De hecho, la entrada del estadounidense a esa pelea se da con la canción “Living in America” de James Brown -él mismo la interpreta en la película- y el vestuario del Tío Sam. Y aún con todo eso, Creed muere.

Entonces, Rocky arregla la pelea para vengar a su amigo y viaja a Moscú con esa misión. El entrenamiento de los dos contrincantes refleja esa lucha entre la tecnología y la química contra el determinismo humano; mientras que Drago tiene lo mejor de lo mejor en equipamiento y personal dentro de un gimnasio, Rocky se entrena cortando leña, corriendo en la nieve, de las maneras más rudimentarias.

La quinta película lo encuentra a Rocky triunfador pero habiendo perdido toda su fortuna por esa pelea. Lo muestra ya veterano, sin poder boxear por problemas neuronales, y siendo entrenador de una joven promesa que lo deja de lado cuando vienen un contratista y le paga millones para que pelee para él. Al final se enfrentan el alumno y el maestro, para que este demuestre que no solamente es bueno con las manos arriba del ring sino también debajo (sino consúltenle a Tommy Gun).

Rocky Balboa, la sexta, presenta sí la última pelea del protagonista -de duelo por la muerte de su esposa Adrianna- sobre el ring, motivado por una campaña de los canales deportivos, que cuestionan al campeón actual y le exigen enfrentarse a un rival de verdad, como en sus tiempos lo fue Rocky.

Y Creed… La séptima entrega de la saga nos da un golpe de verdad. El hijo de Apollo se presenta en el restaurant del ya exboxeador, llamado Adrianna por su esposa fallecida, para pedirle que lo entrene. Rocky se niega, pero en esa conversación salen a la luz todos los viejos recuerdos de su amigo Apollo, por lo que al final apoya a este joven para dar pelea contra el actual campeón mundial de los pesos pesados. Así, vemos como aparecen viejos personajes en juego y otros que nos hacen recordar aquellas hazañas que hicieron de esta una gran historia.

La saga de Rocky tiene emoción, motivación, victorias y derrotas en las que se puede ver el crecimiento de un héroe trágico. Los dramas de Rocky son los dramas de cualquiera, una lucha constante contra un contrincante real pero con otros mil obstáculos propios y ajenos: contra el sistema, el paso del tiempo, el miedo y el dolor propios. Rocky es, en un punto, nuestra propia historia pasando por la pantalla.

Dicen que viene la segunda de Creed. Si leíste todo el artículo y no te colgaste con verla, no tenes corazón.

Sebastian Walch

Sebastian Walch

Instrumentista, aficionado al debate y cocinero casi profesional. Empezó a jugar al fútbol, a estudiar guitarra e informática, pero todo lo dejó por el camino, hasta que encontró un lugar en el mundo de la escritura. Relator. Uruguay
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