Hace unos días mi novio estaba buscando una boina para comprarse —la parte estética no voy a cuestionarla en esta nota—y lo mandé a La Brujita, una tienda artesanal en el Centro, donde hacen gorras y sombreros de buena calidad. Al otro día volvió enojado porque “eran un afane”. ¿Cuánto salían? 800 pesos. Es verdad, la mayoría en Uruguay ganamos poco y esa plata puede desbalancearnos el presupuesto del mes pero, ¿cuánto podemos esperar que salgan las cosas?

Cuando se instaló la cultura de la moda rápida en Uruguay de la mano de marcas como Parisien, Tiendas Montevideo o Guapa empezamos a normalizar que una remera saliera 200 pesos y entendimos como coherente comprarnos al menos una prenda al mes. Si vamos para atrás, el modelo era distinto: nuestras abuelas tenían 10 trajecitos y muchas gracias, con eso se las arreglaban.

Es cierto que entre ellas y nosotras pasó la industrialización y las formas de producción cambiaron. Las prendas se empezaron a crear de forma masiva, con telas de mala calidad y en países que permiten pagar sueldos bajísimos. Entonces, pagamos tan poco porque el costo real no lo ponemos nosotros sino los millones que son explotados y la tierra que es contaminada en el proceso (los químicos que se usan son altamente contaminantes). Todo sea por las remeritas baratas.

Y esto nos lleva a un nuevo problema: al ser tan accesible, compramos cada vez más. En Estados Unidos un consumidor promedio adquiere aproximadamente ocho pares de zapatos y 68 prendas de ropa cada año, dando a cada una un tiempo de vida máximo de tres meses. ¿Qué pasa con esa cantidad enorme de ropa que poseen? En el mejor de los casos tienen casas grandes y las van guardando donde pueden, las donan (aunque ya ni las casas de second hand las quieren porque tienen demasiado y nadie compra) o las tiran a la basura. En ese mismo país, cada persona genera por año 38 kilos de desperdicio textil.

Esa necesidad de vender que tienen las empresas de moda rápida hace que por año saquen 52 micro colecciones. ¿Se acuerdan cuando era solo otoño/invierno o primavera/verano? Las tendencias cada vez tienen vidas más cortas y lo que se usaba el año pasado ya ni nos lo podemos poner.

Pero volvamos a Uruguay. En 2014 se instaló Forever 21 y el año que viene lo hará H&M, las dos principales empresas de fast fashion junto a Zara. Nuestro país es un lugar atractivo para venir; por más que a veces parezca lo contrario, cada vez tenemos menos plata y encima gastamos mucho más de lo que tenemos. Escuché a alguien de la industria decir que consumimos como un país cinco veces más grande. La noticia del desembarco de este gigante de la moda lo tomé como algo negativo, mientras que veía las celebraciones en las redes sociales: “Ahora sí vamos a encontrar ropa linda y barata”, leí por ahí.

Justo cuando la moda local está en un gran momento, ofreciendo lindos diseños y estimulando la industria nacional, estos son golpes injustos. Algunos se quejan de que la ropa nacional es cara y debo admitir que algunas empresas tienen precios excesivos, pero por lo general es algo razonable; la locura es lo poco que pagamos en otros lados. Además hay que tener en cuenta que producir en Uruguay no es nada barato, y que estamos lejos de los 2.000 pesos por mes que gana un empleado textil por mes en Bangladesh.

Después de todos estos números, que son aburridos pero necesarios para la gente que no está en la industria, quería llegar a esto: no debemos alegrarnos porque llegue H&M, sino tomar este desembarco con cautela. Nunca comprar más ropa volvió a nadie más rico, salvo al que la vende (y por eso el dueño de Zara está entre los más ricos del mundo). Es verdad que no nos podemos comparar con Estados Unidos —consumimos mucho menos—, pero sin quererlo y dejando nuestros sueldos en empresas como estas vamos, al menos en ese aspecto, en el mismo camino. Estas empresas de a poco matan la diversidad y a las marcas locales, para uniformar a la gente con ropa que en el corto plazo quedará obsoleta. Y nosotros, casi como deber patriótico, nos debemos preguntar si es eso lo que queremos.

¿Realmente necesitamos cinco jeans iguales de Forever 21 que a los meses se desintegran? ¿No es mejor comprar uno bueno hecho en Uruguay y darle palo por años? Vivamos con menos y gastemos nuestra plata en cosas que realmente valen la pena, porque como consumidores el poder está en nuestras manos —o bolsillos—.

GUÍA PARA CONOCER EL COSTO REAL DE LA MODA

The true cost of fashion

Qué es: un documental

Disponible en: Netflix

Marcó un antes y un después en relación a los lugares donde elijo comprar, porque revela las condiciones en las que trabajan los empleados de las fábricas de moda rápida. Desde que lo vi no entro más a Forever 21.

Minimalism: a documentary about important things

Qué es: un documental

Disponible en: Netflix

Después de los excesos de la década de los noventa surgió la nueva corriente de minimalismo. Varias personas a lo largo del mundo decidieron deshacerse de las posesiones que los ahogaban para vivir con lo mínimo.

Overdressed: The Shockingly High Cost of Cheap Fashion

Qué es: un libro

Disponible en: Amazon

Es del palo de The true cost, pero en libro y con más profundidad en cuanto a investigación y datos. Está bueno para ampliar la información si les gustó el documental.

The Sustainable Fashion Handbook by Sandy Black

Qué es: un libro

Disponible en: Amazon

Una vez que ya entendimos que la moda rápida no es el camino, este libro es una buena guía para aprender a comprar moda lenta. Cuenta qué marcas tienen buenas políticas y habla de distintos casos de estudios.

Slow Fashion Uy

Qué es: un blog

Dirección: http://www.slowfashionuy.com.uy/

Macarena Algorta es la representante de Fashion Revolution en Uruguay (una organización que busca terminar con el consumo de forma rápida), en su blog da tips para llevar una vida más slow y recomienda marcas locales.

Réquiem for the American Dream

Qué es: un documental

Disponible en: Netflix

No es estrictamente de moda, pero en este documental el filósofo Noam Chomsky reflexiona sobre el consumismo en general (más que nada en Estados Unidos) y sugiere una vida más modesta.

Y puede calificar de autobombo pero también les recomiendo mi nota para Mirada Couture sobre el minimalismo.

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