Una libretita que se cierra siempre es un momento raro. Como la última caja embalada antes de una mudanza, o el preciso instante en que se prenden nuevamente las luces del cine… También lo podemos comparar con las valijas hechas antes de una partida importante, y ese repaso eterno que solemos hacer de todo lo que nos pasó hasta ese momento. Podemos dejar que la nostalgia nos invada, rememorar todas y cada una de las notitas que escribimos por fuera del tema principal que veníamos desarrollando, parar en tal o cual dibujito por cualquier motivo, y casi lagrimear pretendiendo hacer espacio en hojas llenas de cosas; o podemos cambiar de rumbo. Tomar una libretita en blanco, de preferencia diferente de la anterior, como para marcar por completo el nuevo inicio, para nuestras nuevas aventuras.

Y aquí volvemos a hablar de algunas cosas que le pasan a nuestra Chica. Ella compra libretitas de manera compulsiva, y solo las empieza cuando tiene algún proyecto definido “que le haga juego” a cada cuaderno. Sino, siempre se puede escribir en papelitos sueltos… Cada quien con sus particularidades, ¿no?

Un buen ejemplo de esta compra considerada por ella como “indispensable” es un bello cuaderno forrado en símil jean, que solo vio la tinta de cerca el día que fue comprado, hace ya un año, y solo para simularle unas costuras en la tapa. Luego de ese momento, como era el cuaderno de reemplazo de uno cuya temática cayó en desgracia, quedó cómodamente alojado en un estante, rodeado de hermanos-cuaderno y primoslibro, a la espera de un próximo proyecto.

Nuestra Chica proyecta cosas. Veamos que se está planteando en estos momentos: -Pensándolo bien… ¿La diferencia entre un libro y un cuaderno son las letras de molde? Podría intentar, en lugar de garabatear las hojas de maneras casi ilegibles, grabar cada letra con un sellito, a ver qué pasa a futuro, ¿verdad? Algo así como los “Elige tu propia aventura” pero “Edita tu propio libro”. Bueno, no, no queremos editores enojados por la minimización de su trabajo… ¡Ya sé! Lo que si podríamos es codificar las páginas de las libretas, como para saber en qué momento de la historia estás… ¿No sería genial? Ah, que puede que quiera tener un buen momento donde el margen me dice “DRAMA” y que se me complique la cosa… Ufa, yo quería innovar… Bueno, me voy a seguir empaquetando libretitas usadas, esta valija no se cierra sola y encontré un anotador de hace mucho, cuando todavía quería hacer otras cosas, y ahora no se si quiero seguir este camino, aquel o algún otro intermedio…

En fin, nuevos inicios, buenos cambios de timón y buenos vientos para todos, mientras nuestra protagonista decide si la Libretita que sigue es a lunares o a cuadros… Rayada nunca, ¿no?

Lee la columna de La Chica de la Libretita en nuestra edición 25.

Cecilia DP

Cecilia DP

Siempre detrás de sus lentes y siempre con su libreta, va por la vida tomando notas sobre las costumbres propias y ajenas y riéndose de todo eso, lo que la transforma en la adorable Chica de la Libretita. Columnista. Argentina.
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