“Hay dos tipos de discapacitados: los que salimos adelante y los que se hunden por la sociedad”: así de simple lo resume Alfonsina Maldonado, quien aprendió a vivir sin una mano a causa de un incendio y hoy se ilusiona con competir como amazona en los Juegos Paralímpicos de Río 2016. Poder se puede, pero hay que sacrificarse.

Fotos: Santiago Cerini

Cuando el 25 de setiembre de 2006 los informativos reportaron que Darío Silva, ex jugador de Peñarol y de la selección uruguaya -en ese momento sin equipo-, había sufrido la amputación de una pierna, muchos lloramos. Que no sobreviviera no era la preocupación: la cuestión era que saliera del coma y se diera cuenta que nunca más iba a poder jugar a la pelota. Traumático, doloroso, imposible de sobrellevar. Y después lo vimos salir, avanzar, retomar su vida y hasta volver a las canchas usando prótesis y jugando con colegas retirados. Darío lo superó.

Hay caminos, sin embargo, que se empiezan por el otro lado. Que empiezan un día de 1985, con una vela que cae en un cuarto afectado por un corte de luz y prende fuego todo su interior, incluyendo la cuna en la que descansa Alfonsina Maldonado, quien será llevada desde Florida al Hospital Militar de Montevideo, sometida a múltiples operaciones e internada para pasar casi cinco años de su infancia allí. Caminos que seguirán con la vuelta a casa en 1990 y el inicio de una vida “normal”, y se desarrollarán, con muchos vericuetos, hasta llegar a un pueblito de Portugal donde hoy vive una mujer que a pesar de haber perdido su mano izquierda es una amazona que sueña con competir en los Juegos Paralímpicos de Río 2016.

“Jockey es el que corre carreras; jinete es el hombre que monta como deporte y amazona es la chica. Siempre me ponen jineta, es lo mejor”, dice entre risas Alfonsina, que hace las aclaraciones correspondientes y charla largo y tendido con La Mirilla con un océano de por medio y asumiendo con gusto ser convocada por tener una discapacidad. Ella, que monta caballos a pesar de no tener su mano izquierda, la que perdió por las quemaduras sufridas aquel fatídico 1 de mayo, no se esfuerza por disimular su falta. Muy por el contrario, asegura que lo que le sucedió, aunque fue doloroso, la hace ahora sentirse bendecida. Pero de eso se hablará luego.

Alfonsina Maldonado

Ella sueña con Río, y es prioridad absoluta. Se mudó a España para poder alcanzar el nivel que le permitiera participar de los Juegos de Londres 2012, los que se perdió por dos puntos. No se rindió y Portugal se le apareció en su camino del brazo del entrenador Francisco Cancella, quien decidió patrocinarla. “Soy muy afortunada de tener un maestro como él”, asegura, dispuesta a absorber todo el conocimiento que generosa y pacientemente le transmite. “Me siento muy a gusto, muy tranquila con él”, manifiesta, conforme con la evolución que han tenido juntos con el caballo Zig-Zag, con el que están trabajando hace apenas cuatro meses.

Radicada en Aros, un pueblito que está a 80 kilómetros de Oporto y a 200 de Lisboa, se levanta temprano a diario, limpia el box de su caballo, lo pasea, hace deporte y entrena por la tarde. “La gente piensa que montar a caballo es subirse y ya está, pero hoy en día los profesionales están incrementando la parte del deporte físico, no sólo la meditación sino salir a correr, hacer bicicleta, pilates, porque montar te deja bastante rígidos los músculos. Además no sólo tu caballo tiene que estar bien sino que tú tienes que estar física y mentalmente preparado”, explica.

El trabajo mental, dice, es clave. A Alfonsina le gusta hacer yoga y meditación, pero como no tiene profesores cerca está haciendo ejercicios de respiración y probando subirse a su campeón con una música que la “súper” relaja. Para montar, Alfonsina debe vendarse su mano para evitar cortes, y manejar las riendas con un método que inventó para sentirse cómoda: “medio que me ato las riendas (lo dice y se ríe), pero sí puedo desenvolverlas y soltarlas cuando tengo que soltarlas. Ha sido un trabajo de muchas horas de aprendizaje para poder hacer eso”.

En Portugal, la floridense estará entrenando hasta que terminen los clasificatorios para Río, que empiezan en abril de 2015 -en Barcelona o Portugal, no hay confirmación- y terminan el 1 de enero de 2016, dando cupos por continente de cara a los Juegos, que a su vez se reparten por equipos e individualmente. “El nivel de la prueba que yo realizo es realmente alto -es normal, con todo tipo de ejercicios. Hago la prueba de Gran Premio grado 4, y soy la única amazona de América del Sur que la hace internacionalmente”, dice con disimulado orgullo.

La idea es llegar a Río meses antes de la competencia que se desarrollará en la primera quincena de setiembre, del 7 al 18, para adaptarse tanto ella como el caballo a la temperatura: les tocará competir -porque tiene “la esperanza y la fe” de que llegará- a mediodía, al aire libre, con chaqueta y corbata obligatoria y con un pantalón que bastante calor le da. “Te asás”, admite. Cancella, el entrenador de Alfonsina, la patrocina con su trabajo, y a su vez su caballo Zig-Zag es patrocinado por el brasileño SasaJe, el criador más grande del mundo en materia de caballos lusitanos. Pero plata falta, y bastante: “todavía no tenemos el dinero para las primeras pruebas internacionales. Para conseguir los costos tengo como cuatro cuentas, ya sea en Santander, BROU, Abitab y PayPal, para que cualquier persona que quiera colaborar pueda hacerlo. Y estoy esperando la resolución de conseguir alguna beca a través del Estado. Sí tengo el apoyo incondicional de la Federación Ecuestre del Uruguay y el aval del Comité Paralímpico, y actualmente el Ministerio de Turismo y Deporte ha declarado el proyecto de interés ministerial. Y el haber salido deportista del año esperemos que me dé un aval”.

El costo de los internacionales clasificatorios para Río oscila en los 3.000 y 4.000 dólares, y “mínimo” tiene que ir a 10. “No es tan caro si lo comparás con una carrera de Fórmula Uno”, dice con optimismo, resaltando que tiene “muchos” gastos cubiertos por la ventaja que le da tener el patrocinio del animal. Pero falta, siempre falta. De hecho, no ha podido competir a nivel internacional recientemente por falta de fondos, ya que tiene que priorizar su objetivo de Río. “Es muy importante que el país se implique con el deporte en sí; no sólo yo me sacrifico para representarlos, también hay otro montón de deportistas que viven en el exterior y sacrifican mucho. También es importante moverse muchos meses antes, más conociendo cómo funciona Uruguay. Están los que se salen a quejar un mes antes, y uno tiene que ser consciente de eso, moverse antes y sobre todo, en la vida, uno tiene que dar para recibir. Considero que todos los deportistas deberían hacer acciones para los niños, por eso parte de mi tiempo lo dedico a eso”, reflexiona Alfonsina, mujer-ejemplo.

It’s sacrifice, at all

“Hay dos tipos de discapacitados: los que salimos adelante y los que se hunden por la sociedad, porque te dicen: ‘pobrecito’. ¿Quién es la gente para decirte que no?”, se cuestiona Alfonsina, indignada. Ella, que es del primer tipo, salió adelante por su amor a los caballos, su “gran motivación”. “Yo creé un sueño para salir adelante, para olvidar el dolor”, reconoce. Aunque impulsa a todas las personas a que crean en sus sueños, ella sabe que hay una barrera enorme adelante, a la que Uruguay no le es ajeno.

“Nuestro país no está capacitado y con conciencia de lo que es la discapacidad. Yo creo que tener una discapacidad no es el problema: el problema de la discapacidad es la gente, la sociedad. Las personas que lo vivimos lo vemos alrededor. Y no hay conciencia de lo que es; muchas veces la gente gira la cara. Me pasa cuando estoy en Uruguay que me subo a un bus y no me dan el asiento. No hay conciencia, no hay respeto. Estás en un sitio público y nadie te da el lugar para que pases para adelante”. Alfonsina, a quien su familia tildó de loca cuando manifestó su deseo de ser amazona internacional, tiene asumida su discapacidad, pero eso no evita que le duela reconocer lo que se percibe desde afuera hacia adentro.

El emocional no es el único dolor. “La mano me duele las 24 horas del día”, admite, antes de soltar palabras sobre ese asunto que calan hondo; que me conmueven a mí, que disimulo, y la conmueven a ella y a su voz que se quiebra pero que no la detiene. “El dolor es mental. Si te mentalizas en que no está, puedes vivir con él. Y si estás pendiente de que está, no puedes vivir tranquilo. Para mí el dolor no sólo es un gran compañero de vida, sino un gran maestro. Es parte de tu propio recorrido y rendimiento, es parte de lo que das”. Justo, necesario, profundo.

“Tengo los ojos emocionados”, sigue. “El dolor me ha marcado mucho la vida, de pequeña más aún. Recuerdo que los días que no estaba en coma inducido y llegaba la hora de mis curaciones era increíble. Yo no lloraba, sino gritaba. Me veían a buscar, mi madre se iba de la sala y Hombre de palabra Francisco Cancella De Abreu es la persona con la que Alfonsina, en su soledad portuguesa, pasa más tiempo actualmente. Entrenador y jinete hace 36 años, cuando este profesional se cruzó con la amazona floridense, le prometió ayuda.

Ahora sueñan con llegar juntos a Río. “Conocerla ha sido una casualidad. Fue en un concurso internacional de paralímpicos, en Barcelona, y para mi estaba clarísimo que montaba un caballo muy difícil, bastante por debajo de sus capacidades como amazona. Meses más tarde la visité y la ayudé con su potra, y en esa ocasión confirmé que ella tenía, aparte de su actitud y determinación de atleta de alto nivel, las condiciones de una gran atleta ecuestre, que escucha, entiende y ejecuta”, le contó Francisco a La Mirilla, tras una jornada de trabajo con la uruguaya.

“Por eso le prometí mover mis contactos. Así encontramos a Zig-Zag en la yeguada de caballos lusitanos SasaJe, la mayor del mundo, propiedad del portugués José Eusebio, instalado en Brasil, que desde mi primera llamada telefónica dijo claramente que estaba interesado en colaborar desinteresadamente. Metió a su caballo en el avión y lo entregó en mi casa en Portugal”, relató. Con Alfonsina, la “única” dificultad que encuentra Francisco para trabajar es “la incapacidad de volver a acortar las riendas con agilidad después de las muchas recompensas que necesita el caballo estirándose”. “Pero esto es solamente un ejercicio de entrenamiento que no estará en la competición; en todo lo demás presenta los pequeños problemas de cualquier jinete, pero con dedicación superior”, destacó, orgulloso.

alfonsina1

De cara a los Juegos, el entrenador reconoció que sería mejor tener preparación en dos o tres caballos y no solamente Zig-Zag: “pero todo indica que el binomio está saludable y llegará a Rio 2016 en la mejor forma. Tenemos un seguimiento de voluntarios para la salud y bienestar, como jamás nadie ha tenido, y las pruebas determinantes empezarán esta primavera (boreal)”. 14 yo empezaba a gritar porque sabía que me venían a hacer los raspajes y las curaciones. ¿Cómo puedes olvidar eso? Me ataban las manos y los brazos para poder curarme”. Desgarrador.

Esos no son los únicos recuerdos perturbadores del pasado. Aunque la escuela rural la sorteó con facilidad, el liceo se le hizo cuesta arriba. “El niño es inocente, pero el adolescente no, busca todo lo imperfecto, algo para dañar muchas veces. Si sos gorda te dicen ‘gorda’, y en mi caso era muy fácil. Probablemente en ese instante no se dan cuenta que te están haciendo daño”. El testimonio de Alfonsina, lejos de dar lástima, remueve otra gama de emociones adentro, convida a una reflexión propia que posiblemente nos dejará a los capacitados indignados con nosotros mismos, por quejarnos de los kilos de más, los problemas de más, el tiempo de menos.

Ella, que nunca quiso usar prótesis porque las considera artificiales, lo sabe y lo procesó con todas sus dificultades: de hecho, dejó de esconder su brazo a los niños pequeños y pasó a dar charlas motivacionales a grupos a partir de cuatro años, tratando de que no se asusten, no tengan miedo y sí conciencia de que son capaces de hacer “todo”. “No pasa nada, una mano o una pierna no es que no te deje ser feliz. La felicidad no se basa en una mano, se basa en pequeños detalles que tenemos cada día. Y hoy, que ya he procesado todo, considero que soy una bendecida, porque puedo valorar la vida de manera totalmente diferente, y encuentro la felicidad en detalles que no hubiera encontrado”, reconoce. “Ahora, a mis charlas intento siempre ir muy descubierta, que claramente se vea mi brazo y las cicatrices que tengo en todo mi cuerpo. Un día, con una amiga que le falta una mano, nos pusimos a caminar por la calle de Montevideo, las dos de manga corta. No te puedo explicar la reacción de la gente, se daba vuelta a mirarnos. Cuando lo tienes asumido no pasa nada, pero cuando no, es muy doloroso”, dice otra vez con un tono de tristeza en una voz que casi todo el tiempo es optimista, apuntando constantemente a generar conciencia.

“Asumir” es una palabra que se repite en la conversación con La Mirilla, y que tiene que ver con dos cosas: con la terapia individual y grupal que hizo hasta los 18 años, que venía de la mano con el tratamiento de cuidados intensivos; y con ser creyente a su manera: “uno debe creer en sí mismo y en la fuerza del universo. Cuando tú crees en ti mismo y en lo que quieres, logras todo, y esa es la principal creencia. Aceptarnos, creer en nosotros. Y no dejarnos contaminar”. Para Alfonsina, está claro que llegó a donde llegó creyendo en ella y solamente en ella. “Soy yo, luchando por mi objetivo”, resalta, y admite sin egoísmo: “nunca he escuchado lo que me dicen los demás, escucho mi corazón. Muchas veces mis amigas me dicen: ‘Gorda, ya lo intentaste’. ‘Ya lo intenté, sí, pero puedo seguir intentándolo. ¿Cuál es el problema?’ ‘Que estás sola, que te llamamos y estás llorando…’ ‘Sí, lloro de rabia, pero no porque me sienta derrotada: para aliviar mi corazón y seguir adelante’. Estos meses han sido de mucha soledad, pero debo recordar que estoy aquí por una meta. Es parte del proceso, del sacrificio, y es una elección que hago con un orgullo increíble. Cuando te llaman a pista y dicen: ‘representante de Uruguay’, es una emoción única”.

Lo dice con firmeza, pero las lágrimas no se aguantan. Su sacrificio la llevó a ganar el premio a Deportista del Año que otorga la Comisión de Deportes de la Cámara de Representantes, y el Premio Gonchi Rodríguez. “Mi familia no lo podía creer. Es todo gracias a mi empeño, mi lucha. Muchas veces me emociona por saber el sacrificio que he hecho y que hago, y la capacidad de caerte, volverte a levantar; caerte y volverte a levantar, siempre mirando a ese objetivo sin desviarme del camino, por más barreras que haya”.

Enterarse de que había recibido estos dos premios fue “una sorpresa, un orgullo y sobre todo una gran motivación para continuar”, más que nada porque es la primera vez que este primer galardón se le otorga a alguien del mundo hípico y a alguien con una discapacidad, y que el segundo se le otorga a un deportista fuera del automovilismo. “Es un escalón muy grande que hemos dado en el ámbito de la discapacidad”, valora, embanderándose en una causa colectiva. Alfonsina, que le agradece a su madrina deportiva Gabriela Rosés, modelo y diseñadora “con un corazón gigante”, está llena de energía pensando en Río, pero más allá del resultado final, ella quiere atravesar este proceso con un objetivo: dejar un mensaje de vida, de lucha.

“Mi sacrificio no es solo para mí, sino para todos. Quiero demostrar que en la vida todo se puede, siempre que te lo creas, te esfuerces y estés acostumbrada a sacrificarte, porque la gente no está acostumbrada a eso, se piensa que es sólo un esfuercito. El sacrificio es grande, y en el proceso duele, duele mucho. El sacrificio es parte de tus logros, pero para verlos tenés que esperar mucho”, dice esta amazona que mucho tiene que ver con la concepción guerrera de la palabra, y que no teme ni sacrificarse ni emocionarse ni caer.

“La vida está mucho más allá de lo simple, la vida está para dejar un legado”, suelta.

Hombre de palabra

Francisco Cancella De Abreu es la persona con la que Alfonsina, en su soledad portuguesa, pasa más tiempo actualmente. Entrenador y jinete hace 36 años, cuando este profesional se cruzó con la amazona floridense, le prometió ayuda. Ahora sueñan con llegar juntos a Río.

“Conocerla ha sido una casualidad. Fue en un concurso internacional de paralímpicos, en Barcelona, y para mi estaba clarísimo que montaba un caballo muy difícil, bastante por debajo de sus capacidades como amazona. Meses más tarde la visité y la ayudé con su potra, y en esa ocasión  confirmé que ella tenía, aparte de su actitud y determinación de atleta de alto nivel, las condiciones de una gran atleta ecuestre, que escucha, entiende y ejecuta”, le contó Francisco a La Mirilla, tras una jornada de trabajo con la uruguaya.

“Por eso le prometí mover mis contactos. Así encontramos a Zig-Zag en la yeguada de caballos lusitanos SasaJe, la mayor del mundo, propiedad del portugués José Eusebio, instalado en Brasil, que desde mi primera llamada telefónica dijo claramente que estaba interesado en colaborar desinteresadamente. Metió a su caballo en el avión y lo entregó en mi casa en Portugal”, relató.

Con Alfonsina, la “única” dificultad que encuentra Francisco para trabajar es “la incapacidad de volver a acortar las riendas con agilidad después de las muchas recompensas que necesita el caballo estirándose”. “Pero esto es solamente un ejercicio de entrenamiento que no estará  en la  competición; en todo lo demás presenta los pequeños problemas de cualquier jinete, pero con dedicación superior”, destacó, orgulloso.

De cara a los Juegos, el entrenador reconoció que sería mejor tener en preparación dos o tres  caballos y no solamente Zig-Zag: “pero todo indica que el binomio esta saludable y llegará a Rio 2016 en la mejor forma. Tenemos un seguimiento de voluntarios para la salud y bienestar, como jamás nadie ha tenido, y las pruebas determinantes empezarán esta primavera (boreal)”.

Belén Fourment

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No puede tener una banda de punk que triunfe en Japón porque es musicalmente inútil, y despunta el vicio cambiándose el color de pelo. Vino al mundo para escribir de fútbol, de música o de lo que sea. Periodista. Uruguay.
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