“Quiero mostrar lo que debe ser corregido, corregir lo incorrecto. Quiero mostrar lo que debe ser visto”. Esta máxima fue la que rigió el trabajo de uno de los precursores del documentalismo fotográfico, Lewis Hine. Máxima que se mantiene en la actualidad y que cobra mayor fuerza día a día y que, a través del lente, nos acerca el mundo tal cual es: crudo, real y rebelde.

 

La fotografía se ha convertido, gracias a la tecnología y a las redes sociales, en un acto instintivo y egocentrista. Millones de selfies se publican por día exacerbando la individualidad y la falsa conexión social. Pero, en medio de esta vorágine de imágenes, el foto activismo se abre paso para mostrarle al mundo qué sucede a su alrededor. Y no simplemente a través de una fotografía (enmarcada en la fotografía social) sino a través del compromiso con la causa representada, que aproxima mucho más el resultado de la toma a la realidad fotografiada.

Ésta es una diferencia sustancial entre un fotógrafo y un foto activista: el compromiso con la causa que retrata, la militancia, las ansias de denuncia de una realidad despojada de voz y minimizada por los grandes medios. Este nuevo contexto de la fotografía conlleva nuevas formas colectivas de ejercerla que están en plena expansión, revalorizando la función socializadora de la fotografía e integrando no sólo a profesionales sino a toda la comunidad en la creación artística que se transformará en denuncia.

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Dorothea Lange, influyente fotoperiodista documental.

“Madre Migrante” es un clásico de la fotógrafa

Podemos mencionar el trabajo del colectivo RebelArte, que desde el año 2006 aporta a la conciencia y militancia social en Uruguay; o Ruido Photo, una asociación civil sin ánimos de lucro, con sede en Barcelona pero que opera en 4 continentes desde 2004, formada por fotógrafos, periodistas y diseñadores. La expansión de estos grupos también responde a la posibilidad que ofrecen los Social Media y los medios alternativos digitales (en las antípodas de los grandes medios de comunicación que responden por lógica natural al capital), que han permitido visibilizar el trabajo fotográfico que llevan adelante y las causas que documentan a través de sus objetivos, ofreciendo una visión alternativa a la versión “oficial” de los acontecimientos sociales.

Algunos señalan que la popularización del foto-reportaje significa la muerte de esta forma discursiva tal y como ha sido concebida hasta hoy (hecha por profesionales), en tanto cualquiera con acceso a una cámara puede retratar la “realidad” tal y como la ve, terminando con la hegemonía de los profesionales. Fin o no del foto-reportaje tal cual lo concebimos, los nuevos vientos traen consigo el empoderamiento de la sociedad de los medios de comunicación, de las formas de expresión y de la reivindicación de sus luchas, ocultas y minimizadas por los grandes medios. Henri CartierBresson, Lewis Hine, Robert Capa, Margaret BourkeWhite, referentes del foto-reportaje y del activismo a través del lente, seguramente aplaudirían estos nuevos vientos que soplan.

Jessica Conde

Estudió periodismo, creyó que el mundo podía ser cambiado y terminó ideando una revista. Fotógrafa en ciernes, no puede dejar de proyectar ni puede abandonar su adicción a los caramelos Sugus y a los buñuelos de algas, fiel a los extremos. Directora. Uruguay.
Jessica Conde
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