Existen lugares cuyas paredes transpiran historias. Habitaciones que, celosamente, guardan las historias de quienes confían sus secretos. Historias de vida que a pesar de la diversidad, se entrelazan y se mezclan para formar una conciencia colectiva. Es el caso de la Casa de la Mujer de la Unión que tras más de 25 años de trabajo, responsabilidad y dedicación, se ha erigido como referente en la construcción de un país más equitativo, más justo y más inclusivo.

Fotos: Jessica Conde

Hay temas que, lamentablemente, se visibilizan por hechos deplorables. Es el caso, por ejemplo, de la violencia doméstica. Lo que pasa desapercibido es, en cambio, el trabajo que realizan organizaciones como la Casa de la Mujer de la Unión que no solo brinda apoyo y asesoramiento a mujeres víctimas de violencia doméstica, sino que desarrolla líneas programáticas y actividades en el área de trabajo, salud y juventud, sustentadas por la perspectiva de género, la equidad y una visión con raíces humanistas.

Despertares

Tras el retorno a la democracia y en medio de una mayor participación social –las mujeres comenzaron a tomar un rol más protagónico-, la Casa de la Mujer construyó los cimientos de su proyecto a través de la puesta en marcha de un ámbito de participación para las mujeres del barrio que les permitiera comenzar un proceso de inserción en otros ámbitos de la vida social y política. Desde su primera sede, un espacio cedido por el club Larreborges, hasta su actual edificio en la calle Serrato, la Casa ha logrado mantener un proyecto institucional adaptándose y redefiniéndose en diferentes contextos sociales y políticos, pero siempre con un norte claro: la promoción y creación de actividades y programas enfocadas en género y equidad, como aporte fundamental para lograr la igualdad de oportunidades para las mujeres.

Es así que desde aquel país con grandes carencias de políticas sociales al actual, con un Estado que ha asumido un rol más importante y ha impulsado importantes políticas sociales -a través de la creación del Ministerio de Desarrollo Social y políticas como el Primer Plan Nacional de Igualdad de Oportunidades y Derechos-, la Casa de la Mujer lleva adelante programas para atender la exclusión social, la violencia doméstica, la capacitación para el trabajo, la salud y la recreación, adaptándose a los diferentes contextos en que ha estado inmersa. “Han habido cambios en el país. Hemos trabajado mucho sobre eso. El período pasado logramos la ley sobre violencia doméstica y en este el matrimonio igualitario y el aborto en ciertas condiciones, no las que queríamos, pero fue un avance”, indica Mabel Simois, Co-directora de la Casa de la Mujer.

Ayudame, ayudate

Actualmente unas 60 personas conforman el equipo que trabaja en la Casa, entre psicólogos, asistentes sociales, educadores y otros profesionales que brindan a las personas que allí llegan. Pero como indica Mabel, el mayor desafío es la sustentabilidad económica. “El problema son los recursos. No tenemos un peso. Vivimos de los aportes del Estado y la financiación del exterior hace años que no existe”. De todas formas también señala la necesidad que tiene el Estado de contar con el trabajo que realiza la Casa, cuya capacitación y experiencia resulta vital para la ejecución de programas estatales. No obstante, la participación en los diferentes programas se estudia cuidadosamente de forma de mantener la calidad de ejecución y la identidad que ha forjado la institución.

Actualmente tienen convenios de trabajo con la Intendencia de Montevideo para la atención psicosocial de víctimas de violencia doméstica y sexual; con el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional, con cursos para jóvenes hasta 25 años; y capacitación para adultos en cuidados de enfermos, de cara al Sistema Nacional de Cuidados, impulsado por el actual gobierno. También cuentan con convenios de inserción laboral, como el programa “Uruguay Trabaja” y “Barrido otoñal”, así como pasantías con empresas, que permiten no solo la inserción laboral, sino el fortalecimiento de procesos sociales y el trabajo como herramienta de inclusión social.

Leer la nota completa en la edición Nº5 de La Mirilla

Jessica Conde

Jessica Conde

Estudió periodismo, creyó que el mundo podía ser cambiado y terminó ideando una revista. Fotógrafa en ciernes, no puede dejar de proyectar ni puede abandonar su adicción a los caramelos Sugus y a los buñuelos de algas, fiel a los extremos. Directora. Uruguay.
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